Fotografiar la muerte: el caso de Gadafi

No es la primera vez que se aborda en este blog el tema de la ética fotográfica relacionada con el fotoperiodismo y hoy, en vista de la gran noticia internacional de la muerte del dictador libio Gadafi (el pasado 20 de octubre), creo que es necesario volver a tratar el mismo asunto.

¿Qué fotos deberían publicarse y cuales no?
¿Qué tipo de imágenes no son aptas para ser mostradas a la sociedad y cómo deberían tratarse aquellas que quizás puedan concienciar a la misma?
¿Qué o quien nos impide publicar una fotografía?
¿Por qué no existe algún tipo de control en este proceso de selección?

En una sociedad que se mueve principalmente por el morbo y el sensacionalismo, ver cadáveres no es algo fuera de lo normal. Programas televisivos como CSI nos han hecho insensibles ante la contemplación de un cuerpo ensangrentado, decapitado o en cualquier estado o contexto macabro. Desafortunadamente, esta realidad ha traspasado la frontera de la más pura ciencia ficción y ha invadido nuestros medios de comunicación hasta llegar a nuestras casas, nuestras pantallas y periódicos de forma agresiva e invasora, casi rozando los límites de lo más inaceptable.

Tras la captura y muerte del dictador libio Muamar el Gadafi el pasado 20 de octubre, el mundo entero ha estado pendiente de las últimas noticias y declaraciones que llegaban desde el lugar de los hechos. Nadie se esperaba el tipo de documentos que comenzarían a circular por la Red en cuestión de horas.

Las fotografías de júbilo, alegría y celebración del pueblo libio pasarían a ser imágenes de recurso, para llenar espacio, mientras que las escandalosas y gráficas imágenes del cadáver del dictador pasarían a ser portada en todos los periódicos de nuestro país. España amanecía  para encontrarse en sus televisores, en sus quioscos y en sus ordenadores las escalofriantes imágenes de un cuerpo ensangrentado, frío y sin vida de uno de los hombres más buscados en tiempos recientes. Quienes quisieran saber de la noticia se verían enfrentados no solo a fotografías, sino a vídeos con contenido explícito sobre la captura y posterior muerte de tanto Gadafi como su hijo Mutasim.

(Las imágenes de a continuación proceden de dos de los periódicos más importantes de nuestro país, disponibles en sus páginas Web y de acceso fácil a cualquier individuo. Pueden herir la sensibilidad).

MAHMUD TURKIA (AFP)
MAHMUD TURKIA (AFP)
PHILIPPE DESMAZES (AFP)
MAHMUD TURKIA (AFP)

Unos primeros planos de la muerte, de cuerpos sin vida que se hallan rodeados por decenas de individuos deseosos de ser los primeros en inmortalizar este momento histórico. Hechos que marcarán sin duda alguna un antes y un después en el futuro de todo un pueblo, pero a pesar de ello, nos cuestionamos el aporte informativo de estas imágenes en las portadas de todos los medios.
¿Es del todo necesario mostrarlo así?

No es la primera vez que se da el caso de fotografías impactantes de muerte para representar hechos que, lejos de ser una celebración del fallecimiento, deberían significar un nuevo comienzo para grandes masas.
Es el caso de la la ejecución del dictador iraquí Saddam Husein el 30 de diciembre de 2006, noticia para la cual también se difundieron vídeos e imágenes de alto contenido morboso.

Asimismo, los medios han demostrado que a falta de pruebas fotográficas de un cadáver, existe la suficiente demanda por este tipo de material que estarán dispuestos a publicar sin fundamento alguno cualquiera que se les ofrezca.
Esto ocurrió tan solo meses atrás con la histórica muerte del líder de Al-Qaeda y terrorista más buscado de la historia Osama Bin Laden cuando, tras su asesinato el 2 de mayo de este año, se difundió una imagen de su rostro creada con el programa Photoshop.

Ya no nos sorprende, no nos impacta, no pensamos dos veces sobre este tipo de cuestiones y pocos se plantean el verdadero propósito de este contenido en nuestros medios de comunicación. Cuanto más sangre, más vísceras y más muerte podamos mostrar, más atención captaremos por parte del lector y la sociedad en general. Es la cruda realidad del oficio y, por desgracia, no parece ser que vaya a cambiar.

Ya no basta con un titular, una imagen vale más que mil palabras.
Mi pregunta es, ¿por qué no puede ser esta?

Celebración de la muerte de Gadafi en Trípoli. MARCO LONGARI (AFP)
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