La ética fotoperiodística – Reportaje

REPORTAJE

Desde los inicios en la práctica del periodismo se ha cuestionado el tema de qué noticias deben publicarse y cuales no. Se trata del debate interminable de separar lo que es necesario mostrar a la sociedad y éticamente correcto de aquello que no aporta nada y tan solo contribuye a la desinformación y a herir la sensibilidad. En el fotoperiodismo o fotografía de prensa se plantea el mismo debate, el mismo dilema. Qué imágenes deberían ser publicadas y dónde existe el límite que separa a estas de las que de ninguna manera podría ser mostradas por ningún medio de comunicación. En este reportaje se plantea esta cuestión en referencia a la última polémica, la fotografía ganadora del Pulitzer de Massoud Hossaini, para cuestionar con ella en quien recae esta responsabilidad ética en referencia directa con lo que se nos muestra diariamente por parte de las grandes empresas informativas.

La sociedad española amaneció el 7 de diciembre de 2011 con la terrible noticia, plasmada en los medios impresos y digitales de nuestro país, del atentado suicida ocurrido el día anterior en Kabul, Afganistán. El trágico suceso ocurrió ante la ermita de Abu Fazi mientras se celebraba una festividad religiosa, causando 55 muertos y dejando a más de 160 heridos de entre los cuales se encontraban varios niños. Tarana Akbari de 11 años forma parte del grupo de supervivientes, testigo del horror de aquel día y también protagonista de la polémica fotografía que reavivaría uno de los debates más antiguos de la historia del periodismo, la ética.

Massoud Hossaini se encontraba en Kabul aquel día, en la ciudad afgana donde había nacido hace ya 31 años y de la cual había huido con su familia debido a los reincidentes conflictos. El 6 de diciembre iba armado, aunque no con los mismos instrumentos que aquellos que causaron la masacre, sino con un objeto igual de poderoso o incluso más: una cámara fotográfica. Y es que Hossaini es en la actualidad, y ha sido desde 2007, un fotoperiodista para la Agencia France-Presse, cubriendo la guerra terrorista en oriente desde media década. La imagen que tomaría de aquel incidente pasaría a ser galardonada con el Premio Pulitzer en la categoría “Breaking News” el pasado mes de abril y sería publicada en numerosas portadas, entre ellas la del diario impreso más prestigioso del mundo “The New York Times”.

En la imagen Tarana Akbari se encuentra de pie en medio de una multitud de cuerpos ensangrentados, unos sin vida y otros quizás en la lucha por conservarla. Se puede apreciar el temor en su rostro y la sangre en su ropa, un grito de horror mudo que intuimos por su gesto y la posición de sus manos que están rígidas y pegadas firmemente a los laterales de su cuerpo. En un primer plano se hallan cadáveres, en su mayoría niños, de entre los cuales encontramos en la parte derecha a un bebé bocabajo con la cabeza apoyada en el suelo.

Imagen ganadora del Premio Pulitzer de Massoud Hossaini

Esta fotografía en su conjunto es de una naturaleza extremadamente gráfica, de gran impacto visual y cargado de significado por lo que implica el fallecimiento en tales condiciones de más de medio centenar de personas. Es por ello que al darse a conocer los resultados de los premios Pulitzer, aunque también la misma había sido galardonada anteriormente con una distinción en la última edición de los World Press Photo, causó polémica al ser publicada en los distintos medios de comunicación.

Desde la postura de las empresas informativas, algunos diarios impresos optaron por publicar la imagen en su totalidad y sin ningún tipo de censura en sus portadas. “The Washington Post” o “The Wall Street Journal” decidieron mostrar distintas versiones mientras que otros dieron cabida a la manipulación por recorte con el pretexto de no herir la sensibilidad de los lectores, siendo este el caso del “Huffington Post”. En un artículo publicado en el periódico “El País” el pasado 24 de abril, Hossaini declaró exclusivamente para dicho medio que el mismo ha cortado algunas de sus fotos por ser excesivamente gráficas, pero que lo que no se esperaba era que otros lo hicieran por él. “Había dos opciones: mostrarla como era o no hacerlo”, sentenció. En la misma publicación otros personajes reconocidos, también profesionales de la comunicación y específicamente del reporterismo gráfico, tomaron la palabra en defender el trabajo de su compañero. “La gente está tan sensibilizada que da vergüenza. Estamos haciendo periodismo del miedo, quien no se quiera informar que no se informe. La guerra no se intuye, se vive o no se vive”, declaraba el fotoperiodista español Enrique Meneses. Además, el ganador del Premio Nacional de Fotografía en 2009 Gervasio Sánchez, incidía en el mismo artículo sobre la importancia de conocer la verdad sobre las guerras, ya que sus consecuencias son claves para la reflexión social. “Que los ciudadanos se enfrenten al dolor de la guerra, que sepan que los que sufren o mueren desconocen las razones de sus tragedias. Una sociedad que reivindica imágenes asépticas de la violencia está condenada al fracaso”.

Trasladados nuevamente al año 2011 y concretamente en el mes previo a la grave tragedia en Kabul, en una cafetería de Madrid me entrevistaba con el ganador de tres premios World Press Photo, el argentino Walter Astrada. Se mostraba un profesional serio y centrado, pero a la vez humilde y modesto cuando era alabado por sus numerosos premios y logros profesionales. La mañana se sucedió y la conversación tocó temas tan diversos como sus inicios como fotoperiodista, la naturaleza de su trabajo y sus proyectos de futuro. A pesar de la variación temática, el título final con el que decidí presentar la entrevista fue una cita del mismo personaje referente a la cuestión que tratamos en este reportaje. “Es importante inculcar ética y responsabilidad en el fotoperiodismo, el trabajo realmente lo requiere”. Consideré que dicha alusión a la dimensión moral de la profesión reflejaba por completo la esencia de lo que debería ser un buen profesional, tanto periodista como reportero gráfico.

Tanto Massoud Hossaini como Walter Astrada han visto su trabajo reconocido por el World Press Photo, organización sin ánimo de lucro que convoca de forma anual el concurso más prestigioso de fotografía de prensa. El ganador de este año 2012 fue el español Samuel Aranda con la imagen de una mujer que arropa a su hijo en el interior de una mezquita de Yemen durante un enfrentamiento armado el 15 de octubre de 2011. Con motivo de este reconocimiento y enmarcado dentro de las actividades que convocó la organización hace unos meses en Madrid, Aranda protagonizó una Masterclass el 27 de abril para atender a las dudas e inquietudes de un grupo selecto de asistentes. En esa línea se plantó la cuestión del autocontrol al hacer determinadas fotos, a lo cual Samuel contestó con firmeza: “Nunca dejo de hacer ninguna foto, ha vuelto a salir ahora el debate de si hay que poner un límite a la fotografía con la entrega del premio Pulitzer, pero lo que hay que poner limite es a las explosiones que fotografiamos y no a la fotografía en si. Si no quieren que documentemos un bombardeo lo que tienen que hacer es parar de hacerlo”. También hizo referencia a la publicación de dichas imágenes en las portadas de los distintos medios de comunicación impresos, señalando que se tendría que llevar un cierto balance para no poner siempre fotografías trágicas, y que dicha responsabilidad final recaería en la figura del editor gráfico y no en la del fotógrafo.

Está claro que la cuestión ética en todas las distintas ramas de la profesión periodística es una de gran importancia y que aun no logra satisfacer a los distintos grupos de opiniones opuestas. Mientras que por un lado se exige el derecho a la información, por otro se pide censurar u ocultar parte de la misma con tal de no herir la sensibilidad de quien libremente accede a las fuentes. Desde el punto de vista de los medios de comunicación es importante cuidar el formato y presentar documentos que muestren siempre el lado más objetivo de los hechos, desechando por tanto todo tipo de manipulación que pueda llevar a la confusión. Al contrario y desde la perspectiva de los fotoperiodistas, se pide el respeto a una profesión que en ocasiones implica grandes riesgos y la dignificación de un trabajo que no siempre se presenta con todas las facilidades. Por todo ello el proceso ético debería aplicarse a todos los individuos del proceso, desde el fotógrafo hasta quien decide colocar su imagen en la portada de cualquier medio. La responsabilidad no es atribuible a nadie en particular sino al conjunto de profesionales responsables de informar con la mayor veracidad y mejor criterio posible a toda una sociedad. En lo que también debería coincidirse es en que la imagen no debería ser manipulada para satisfacer criterios individuales o restar impacto, sino que debería conservarse tal cual, sin alteración y con todo el significado con la que fue intencionada desde el principio por parte de su creador. Solo en base a estos criterios podrá seguir ofreciéndose un periodismo riguroso y de calidad, respetando criterios éticos sin dejar de informar.

Victoria Medina Chimbur
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s