Gervasio Sánchez gana “Mejor Fotoperiodista” en los I Premios Metacomunicación

Premios Metacomunicación

La gala de los primeros Premios Metacomunicación, celebrada el pasado viernes 24 de mayo en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, galardonó a Gervasio Sánchez con el reconocimiento de “Mejor Fotoperiodista”. Así lo decidieron alumnos de las distintas ramas de estudios de comunicación de la Complutense con un 38% de sus votos a través del Campus Virtual. Gervasio tenía como rivales a reporteros gráficos de la talla de Samuel Aranda y José Luis Cuesta pero, según las votaciones, fue el claro merecedor del premio.

Gervasio Sánchez
Gervasio Sánchez

Así fue la entrega de su premio en la gala:

Vídeo de la organización de los Premios Metacomunicación:

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La ética fotoperiodística – Reportaje

REPORTAJE

Desde los inicios en la práctica del periodismo se ha cuestionado el tema de qué noticias deben publicarse y cuales no. Se trata del debate interminable de separar lo que es necesario mostrar a la sociedad y éticamente correcto de aquello que no aporta nada y tan solo contribuye a la desinformación y a herir la sensibilidad. En el fotoperiodismo o fotografía de prensa se plantea el mismo debate, el mismo dilema. Qué imágenes deberían ser publicadas y dónde existe el límite que separa a estas de las que de ninguna manera podría ser mostradas por ningún medio de comunicación. En este reportaje se plantea esta cuestión en referencia a la última polémica, la fotografía ganadora del Pulitzer de Massoud Hossaini, para cuestionar con ella en quien recae esta responsabilidad ética en referencia directa con lo que se nos muestra diariamente por parte de las grandes empresas informativas.

La sociedad española amaneció el 7 de diciembre de 2011 con la terrible noticia, plasmada en los medios impresos y digitales de nuestro país, del atentado suicida ocurrido el día anterior en Kabul, Afganistán. El trágico suceso ocurrió ante la ermita de Abu Fazi mientras se celebraba una festividad religiosa, causando 55 muertos y dejando a más de 160 heridos de entre los cuales se encontraban varios niños. Tarana Akbari de 11 años forma parte del grupo de supervivientes, testigo del horror de aquel día y también protagonista de la polémica fotografía que reavivaría uno de los debates más antiguos de la historia del periodismo, la ética.

Massoud Hossaini se encontraba en Kabul aquel día, en la ciudad afgana donde había nacido hace ya 31 años y de la cual había huido con su familia debido a los reincidentes conflictos. El 6 de diciembre iba armado, aunque no con los mismos instrumentos que aquellos que causaron la masacre, sino con un objeto igual de poderoso o incluso más: una cámara fotográfica. Y es que Hossaini es en la actualidad, y ha sido desde 2007, un fotoperiodista para la Agencia France-Presse, cubriendo la guerra terrorista en oriente desde media década. La imagen que tomaría de aquel incidente pasaría a ser galardonada con el Premio Pulitzer en la categoría “Breaking News” el pasado mes de abril y sería publicada en numerosas portadas, entre ellas la del diario impreso más prestigioso del mundo “The New York Times”.

En la imagen Tarana Akbari se encuentra de pie en medio de una multitud de cuerpos ensangrentados, unos sin vida y otros quizás en la lucha por conservarla. Se puede apreciar el temor en su rostro y la sangre en su ropa, un grito de horror mudo que intuimos por su gesto y la posición de sus manos que están rígidas y pegadas firmemente a los laterales de su cuerpo. En un primer plano se hallan cadáveres, en su mayoría niños, de entre los cuales encontramos en la parte derecha a un bebé bocabajo con la cabeza apoyada en el suelo.

Imagen ganadora del Premio Pulitzer de Massoud Hossaini

Esta fotografía en su conjunto es de una naturaleza extremadamente gráfica, de gran impacto visual y cargado de significado por lo que implica el fallecimiento en tales condiciones de más de medio centenar de personas. Es por ello que al darse a conocer los resultados de los premios Pulitzer, aunque también la misma había sido galardonada anteriormente con una distinción en la última edición de los World Press Photo, causó polémica al ser publicada en los distintos medios de comunicación.

Desde la postura de las empresas informativas, algunos diarios impresos optaron por publicar la imagen en su totalidad y sin ningún tipo de censura en sus portadas. “The Washington Post” o “The Wall Street Journal” decidieron mostrar distintas versiones mientras que otros dieron cabida a la manipulación por recorte con el pretexto de no herir la sensibilidad de los lectores, siendo este el caso del “Huffington Post”. En un artículo publicado en el periódico “El País” el pasado 24 de abril, Hossaini declaró exclusivamente para dicho medio que el mismo ha cortado algunas de sus fotos por ser excesivamente gráficas, pero que lo que no se esperaba era que otros lo hicieran por él. “Había dos opciones: mostrarla como era o no hacerlo”, sentenció. En la misma publicación otros personajes reconocidos, también profesionales de la comunicación y específicamente del reporterismo gráfico, tomaron la palabra en defender el trabajo de su compañero. “La gente está tan sensibilizada que da vergüenza. Estamos haciendo periodismo del miedo, quien no se quiera informar que no se informe. La guerra no se intuye, se vive o no se vive”, declaraba el fotoperiodista español Enrique Meneses. Además, el ganador del Premio Nacional de Fotografía en 2009 Gervasio Sánchez, incidía en el mismo artículo sobre la importancia de conocer la verdad sobre las guerras, ya que sus consecuencias son claves para la reflexión social. “Que los ciudadanos se enfrenten al dolor de la guerra, que sepan que los que sufren o mueren desconocen las razones de sus tragedias. Una sociedad que reivindica imágenes asépticas de la violencia está condenada al fracaso”.

Trasladados nuevamente al año 2011 y concretamente en el mes previo a la grave tragedia en Kabul, en una cafetería de Madrid me entrevistaba con el ganador de tres premios World Press Photo, el argentino Walter Astrada. Se mostraba un profesional serio y centrado, pero a la vez humilde y modesto cuando era alabado por sus numerosos premios y logros profesionales. La mañana se sucedió y la conversación tocó temas tan diversos como sus inicios como fotoperiodista, la naturaleza de su trabajo y sus proyectos de futuro. A pesar de la variación temática, el título final con el que decidí presentar la entrevista fue una cita del mismo personaje referente a la cuestión que tratamos en este reportaje. “Es importante inculcar ética y responsabilidad en el fotoperiodismo, el trabajo realmente lo requiere”. Consideré que dicha alusión a la dimensión moral de la profesión reflejaba por completo la esencia de lo que debería ser un buen profesional, tanto periodista como reportero gráfico.

Tanto Massoud Hossaini como Walter Astrada han visto su trabajo reconocido por el World Press Photo, organización sin ánimo de lucro que convoca de forma anual el concurso más prestigioso de fotografía de prensa. El ganador de este año 2012 fue el español Samuel Aranda con la imagen de una mujer que arropa a su hijo en el interior de una mezquita de Yemen durante un enfrentamiento armado el 15 de octubre de 2011. Con motivo de este reconocimiento y enmarcado dentro de las actividades que convocó la organización hace unos meses en Madrid, Aranda protagonizó una Masterclass el 27 de abril para atender a las dudas e inquietudes de un grupo selecto de asistentes. En esa línea se plantó la cuestión del autocontrol al hacer determinadas fotos, a lo cual Samuel contestó con firmeza: “Nunca dejo de hacer ninguna foto, ha vuelto a salir ahora el debate de si hay que poner un límite a la fotografía con la entrega del premio Pulitzer, pero lo que hay que poner limite es a las explosiones que fotografiamos y no a la fotografía en si. Si no quieren que documentemos un bombardeo lo que tienen que hacer es parar de hacerlo”. También hizo referencia a la publicación de dichas imágenes en las portadas de los distintos medios de comunicación impresos, señalando que se tendría que llevar un cierto balance para no poner siempre fotografías trágicas, y que dicha responsabilidad final recaería en la figura del editor gráfico y no en la del fotógrafo.

Está claro que la cuestión ética en todas las distintas ramas de la profesión periodística es una de gran importancia y que aun no logra satisfacer a los distintos grupos de opiniones opuestas. Mientras que por un lado se exige el derecho a la información, por otro se pide censurar u ocultar parte de la misma con tal de no herir la sensibilidad de quien libremente accede a las fuentes. Desde el punto de vista de los medios de comunicación es importante cuidar el formato y presentar documentos que muestren siempre el lado más objetivo de los hechos, desechando por tanto todo tipo de manipulación que pueda llevar a la confusión. Al contrario y desde la perspectiva de los fotoperiodistas, se pide el respeto a una profesión que en ocasiones implica grandes riesgos y la dignificación de un trabajo que no siempre se presenta con todas las facilidades. Por todo ello el proceso ético debería aplicarse a todos los individuos del proceso, desde el fotógrafo hasta quien decide colocar su imagen en la portada de cualquier medio. La responsabilidad no es atribuible a nadie en particular sino al conjunto de profesionales responsables de informar con la mayor veracidad y mejor criterio posible a toda una sociedad. En lo que también debería coincidirse es en que la imagen no debería ser manipulada para satisfacer criterios individuales o restar impacto, sino que debería conservarse tal cual, sin alteración y con todo el significado con la que fue intencionada desde el principio por parte de su creador. Solo en base a estos criterios podrá seguir ofreciéndose un periodismo riguroso y de calidad, respetando criterios éticos sin dejar de informar.

Victoria Medina Chimbur

Censura selectiva: El caso de las imágenes publicitarias

OPINIÓN

Pensar en Madrid para muchos implica la visualización de calles y andenes abarrotados de gente, donde todo el mundo parece tener prisa aunque no lleguen tarde a ningún sitio, donde encontrarás siempre a un extranjero y, sin quererlo, una riqueza cultural que tan solo existe
en pocas partes del mundo.

Madrid es todo eso, pero no solo eso. Pasear un día por sus calles puede recordarnos a todas aquellas otras grandes ciudades que hemos visto en revistas o visitado alguna vez. Todas tienen en común esas masas de gente, esas personas que poco tendrán en común pero que juntas forman un grupo, una entidad, el alma de una ciudad.

En un mundo como el nuestro que se mueve por el consumo, Madrid deja de ser esa ciudad representativa de una nación y sus gentes, y pasa sin embargo a ser víctima de constantes y agresivas especulaciones publicitarias. Las empresas y marcas invaden las calles en lo que es una lucha silenciosa de quien vende más, quien llama más la atención y quien gana más dinero. Tristemente no es una característica que se limite al ámbito publicitario sino que sobrecoge a la sociedad en todas sus actividades, primando el egoísmo, la codicia y el poder. No somos individuos que pasean entre esa gente con prisa por el metro, sino que formamos parte de ese grupo final que nos engloba a todos  y nos trata como una masa, una única víctima del estudio de gustos y tendencias.

Pero esto no se limita a nuestra capital, sino que se encuentra en todas las grandes ciudades del mundo donde, debido a su sobrepoblación, las empresas aprovechan para lanzar cargas publicitarias bajo la justificación de una sociedad moderna que está comprometida con el consumo.

Times Square (NY) y Piccadilly Circus (Londres)

No se puede ignorar la publicidad ni la invasión progresiva de marcas que parecen colarse de forma sutil en cualquier rincón de nuestro entorno. Pero está claro que, como adaptados que somos a una sociedad de consumo masivo, hemos aprendido a convivir con esta situación que nos resulta en muchos casos indiferente y sirve simplemente como excusa para añadir color y luces de neón a las calles. Suma al atractivo de un lugar y proporciona un bonito fondo para los extranjeros que nos visitan y quieren llevarse una bonita foto de recuerdo.

Publicidad de Schweppes en la Gran Vía de Madrid

Pero bien, la cosa se tuerce cuando a juicio de muchos esta misma publicidad sobrepasa ciertos límites y obliga plantearse cuestiones éticas y morales, sobre todo con respecto a sus imágenes.

Un reflejo de ello es el tipo de publicidad que desde hace meses se ha podido ver en el Metro de Madrid, concretamente aquella que hace el local “THE HOLE”. En su página Web se describen como un show “divertido, elegante, provocativo, canalla y muy sensual”. Ha de hacerse hincapié en la palabra en cursiva debido a las siguientes fotografías, carteles presentes en varias estaciones de metro.

Es importante recalcar que esto no trata de un ataque hacia ninguna empresa, local o en este caso “The Hole”, simplemente se nombra a este último porque ha sido su publicidad la que ha incitado a tratar sobre este tema y compararlo directamente con el caso de otra de las vertientes más criticadas de la fotografía, el fotoperiodismo.

Constantemente se dan casos de censura o queja social hacia imágenes de prestigiosos y reconocidos reporteros gráficos, como fue el caso reciente del ganador del Pulitzer Massoud Hossaini . Al ser publicada su fotografía galardonada en los medios de comunicación (uno de ellos fue el periódico “The New York Times”) causó el resurgimiento del debate ético sobre los límites que deberían imponerse a las imágenes excesivamente violentas.

Fotografía ganadora del Pulitzer por Massoud Hossaini

Muchos reconocidos fotógrafos han hecho eco de esta situación en la que se les exige autocensura como profesionales y censura a los medios como canales que transmiten su trabajo, entre ellos el fotoperiodista español Gervasio Sánchez. “Es importante que el público conozca la verdad sobre las consecuencias de las guerras para que reflexione sobre la necesidad moral de buscar soluciones. Que los ciudadanos se enfrenten al dolor de la guerra, que sepan que los que sufren o mueren desconocen las razones de sus tragedias. Una sociedad que reivindica imágenes asépticas de la violencia está condenada al fracaso”, sentenció.

A un medio de comunicación se le cuestiona y critica por publicar una imagen tratando una situación real de conflicto y violencia porque puede potencialmente herir la sensibilidad del lector. Mientras tanto, la publicidad tiene carta blanca para ofrecer todo tipo de imágenes en todo tipo de formatos (véase el caso de los carteles del metro y su tamaño) bajo el pretexto de captar la atención de una sociedad consumista y obtener de ella beneficios.

La permisibilidad de este tipo de comportamientos muestra el tipo de sociedad en el que nos hemos convertido, donde normalizamos las imágenes sexuales, degradantes y excesivamente gráficas bajo la excusa de una campaña publicitaria. Nos hemos convertido en una masa que acepta que no existen límites para intentar persuadirnos hacia un producto o marca y, mientras tanto, cuestionamos y rechazamos el trabajo de cientos y miles de fotoperiodistas que el único compromiso que tienen con la sociedad es mostrar realmente lo que está pasando en el mundo.

Hemos escogido nuestra propia manipulación frente al conocimiento, ser víctimas en vez de observadores, pasivos en vez de críticos. Lamentablemente, parece ser que estamos más comprometidos y más concienciados con la publicidad que con la realidad. Los fotoperiodistas tendrán que seguir justificando su trabajo, defendiéndose ante la censura y las múltiples dificultades que entrama su profesión.

No obstante, parece que de alguna manera el objetivo se consigue. Ante una imagen de violencia la sociedad reacciona, aunque sea en protesta. Ante un cartel provocativo y degradante la sociedad no dice nada, será por costumbre o por aceptación pero al fin y al cabo parece ser que no es más que eso, una imagen más sin propósito o valor.

La antología de Gervasio Sánchez

Gervasio Sánchez, el cordobés ganador del Premio Nacional de Fotografía en 2009, inaugura mañana 6 de marzo su exposición “Antología” en Tabacalera, Madrid.
( A las 19:30, C/ Embajadores, 53. Madrid )

Al referirnos a este reportero gráfico español es importante destacar su trabajo en conflictos armados de América Latina, la Guerra del Golfo, la Guerra de Bosnia y enfrentamientos en Asia y África, donde se ha dedicado desde hace varias décadas a documentar lo ocurrido ahí. También se puede añadir, como dato biográfico importante, que ha trabajado para diversos medios nacionales como el “Heraldo de Aragón“, el Magazine del periódico “La Vanguardia“, la Cadena SER y el servicio español de la BBC.

Recientemente, y en condición de ganador de diversos premios y reconocimientos nacionales, Gervasio Sánchez es protagonista de una exposición de 148 fotografías a color y en blanco y negro, 100 retratos en 8 murales y 6 audiovisuales recogidos de su trayectoria fotoperiodística desde el año 1984 hasta hoy.

Se trata de “ANTOLOGÍA”, un evento organizado por la Secretaría de Estado de Cultura con motivo de la concesión del Premio Nacional de Fotografía 2009, otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Según su comisaria, Sandra Balsells, el objetivo de la exposición es “divulgar un legado visual de enorme valor histórico y documental en el que se combina un material prácticamente inédito -obtenido durante sus primeros años de aprendizaje y formación- con fotografías de actualidad ampliamente difundidas y con proyectos documentales realizados a largo plazo que han otorgado una indudable solidez a su obra”.

Gervasio también es conocido por la polémica que causó cuando, al ser otorgado el premio Ortega y Gasset de periodismo en 2008, acusaba y criticaba al Gobierno español de tráfico de armas en su discurso de aceptación: “Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de las minas y al desminado. […] Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo, y que me avergüenzo de mis representantes políticos. Pero como Martin Luther King, me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.”

Datos de la exposición
recogidas en la página Web del Ministerio.

Inauguración: martes, 6 de marzo, a las 19,30 h.
Lugar: Tabacalera. C/ Embajadores, 53. Madrid
Horario: De martes a viernes: de 12’00 a 20’00h. Sábados, domingos y festivos: de 11’00 a 20’00h. Lunes cerrado.
Entrada gratuita